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sábado, 18 de abril de 2020

Elena Ódena sobre el falso internacionalismo de los oportunistas alemanes Koch y Eggers; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«En el anterior capítulo: «Aplicación del internacionalismo proletario y crítica a los partidos hermanos vs reconciliación con los partidos revisionistas del mundo y condescendencia con las desviaciones». Pudimos observar nítidamente como el Partido Comunista de España (marxista-leninista) tuvo varias tiranteces con el Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista, en especial desde inicios de los años 80.

-El primer tema fue «el PCA/ML permaneció silencioso durante los momentos [sobre todo a partir de 1976-1978] en que el PCE (m-l) libró una dura lucha contra los oportunistas y revisionistas de Jurquet en Francia, Lefevre en Bélgica y Gilbert Etienne en Suiza siendo una lucha por los principios contra el revisionismo contra el revisionismo maoísta y el doctrinarismo, y por el derecho de los marxista-leninistas a unirse». Como el PCE (m-l) comenta en su carta al PCA/ML de 1982.


-El segundo tema, sería respecto a que el PCE (m-l) sobre la cuestión de los frentes, trabajo de masas y posibles alianzas «condenaba rotundamente la unidad de acción bilateral y a nivel máximo con los revisionistas» que el PCA/ML parecía llevar a cabo bajo diversas excusas.


-El tercer tema, sería respecto a las ilusiones que dejaba entrever el PCA/ML en su declaración del Comité Ejecutivo sobre los sucesos en Polonia –«Roter Morgen» nº51 de diciembre de 1981–, sobre el sindicato reaccionario de Solidaridad y la crisis del revisionismo polaco.


-El cuarto tema, sería la negativa del PCA/ML bajo diversos pretextos a participar en la revista conjunta «Teoría y práctica» que vería luz en 1983, la cual el PCE (m-l) había planteado junto con otros partidos para estrechar lazos y que inicialmente el partido alemán había secundado. Así mismo existían otros temas relativos a la coordinación de los partidos internacionales donde el PCE (m-l) señalaba la dejadez del partido alemán en dicha cuestión.


Horst Dieter Koch, que era una de las figuras en plena efervescencia dentro del PCA/ML, sería una de los jefes que más divergencias tendría con los dirigentes del PCE (m-l). En ocasiones parece que Koch contestó a dichas divergencias con respuestas ridículas que no podían sino envenenar las buenas relaciones entre ambos partidos, aunque no hay que menospreciar el seguidismo de otras figuras hacia dicho elemento, así como la falta de capacidad general del partido para responder a las críticas del PCE (m-l). Koch llegaría al punto de contestar a las críticas del PCE (m-l) argumentando que éste, debía prestar más atención a la refutación del revisionismo español:

miércoles, 5 de agosto de 2015

Las invenciones del thälmanniano Wolfgang Eggers sobre el VIIº Congreso de la Komintern; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

Últimamente nos hemos encontrado de frente con algunos textos del alemán Wolfgang Eggers que deseábamos «hincarle el diente».

En realidad el contenido de sus análisis sobre el VIIº Congreso de la Komintern de 1935 no dice nada nuevo, no son conclusiones diferentes a la de otros revisionistas que ya hayamos desmontado, con la excepción de que este personaje lleva desde años presentándose como un defensor de las ideas de Stalin y Hoxha, de hecho autodenomina a su organismo Internacional «Stalinista-Hoxhista» y se ve a sí mismo como el legítimo heredero del legado de Ernst Aust y del Partido Comunista de Alemania Marxista/Leninista, ¡eso pese a que militando en dicho partido permitiera delante de sus narices que el partido fuera liquidado por filotrotskistas como Horst Dieter Koch tras la muerte de Ernst Aust! Para que nos entienda el lector esto tiene tanta lógica como cuando Ramiz Alia juraba fidelidad a la obra de Enver Hoxha, o Santiago Carrillo al legado de José Díaz.

Es por ello que por sus ropajes de «stalinista-hoxhista» hemos visto más necesario refutar sus calumnias sobre la Komintern, calumnias que ya hemos refutado otras veces analizando las teorías de maoístas como Edward Hill o de otros presuntos «marxista-leninistas» como Bill Bland.

Wolfgang Eggers es de aquellos autores que han sido influenciados por varias fuentes:

1) Por los autores socialdemócratas trotskistas, titoistas, jruschovistas, eurocomunistas, maoístas y sus escritos sobre la Komintern, lo que se nota a la hora de evaluar los congresos de la Komintern. De hecho entre la evaluación de la línea marxista-leninista del VIIº Congreso de la Komintern que hace Wolfgang Eggers y la que hace Lev Trotski no hay diferencia alguna, salvo que el alemán dice estar defendiendo el «stalinismo» mientras que el ucraniano decía defender el «leninismo» al criticar cosas como el frente popular. El problema no es leer a estos autores y sus trabajados sobre la Komintern pues es hasta indicado leer estos autores revisionistas para conocer que dicen, lo preocupante es no acudir a los propios textos de la Komintern y entender la línea de aquellos congresos por lo que cuentan terceros como hace Wolfgang Eggers;

2) Además está influenciado por Ernst Thälmann, líder del Partido Comunista Alemán de los años 30 quién heredaría la vena espontaneísta, idealista y anarquista de Rosa Luxemburgo a la hora de analizar los fenómenos sociológicos. Ernst Thälmann sería de aquellos líderes que en los años 30 serían conocidos por sus variadas tesis absurdas sobre el carácter del fascismo y como combatirlo, sus tácticas antifascistas fueron desastrosas para el proletariado alemán, entre ellas encontramos que según sus miras: a) no había diferencia cualitativa entre la democracia burguesa y la abierta dictadura terrorista fascista; b) que el advenimiento del fascismo solo significaba que la revolución proletaria estaba a las puertas; c) que el gobierno de democracia burguesa como el de Brüning, Papen o  Schleicher era ya gobiernos fascistas creando confusión en el proletariado sobre lo que es y no es fascismo; d) que en pleno proceso de fascistización del Estado la socialdemocracia suponía el mayor peligro para el proletariado alemán; e) que era un error crear un contraste entre los fascistas y los socialfascistas –como denominaban a la mayoría de socialdemócratas– y que los socialfascistas eran los principales causantes del fascismo y a quienes había que dirigir el principal golpe. El señor Wolfgang Eggers defiende el supuesto legado de Ernst Thälmann aunque todavía no ha sabido explicarnos que aportes nos ha regalado tal figura cercana al anarquismo y al trotskismo;

3) Así mismo ha sido influenciado por las tesis de Bill Bland y Norberto Steinmayr quienes promovieron tesis fantasiosas, especulativas y sin ningún respaldo histórico como que «Dimitrov fue un agente nazi», que «Stalin estuvo secuestrado por los revisionistas desde los años 20 en el Partido Comunista de la Unión Soviética» y que los mismos revisionistas «también había secuestrado a la Komintern y luego a la Kominform», así mismo se basaba en la tesis de que «Stalin por miedo permitía todo esto e incluso habría dejado celebrar un congreso presuntamente revisionista como el VIIº Congreso de la Komintern de 1935» en su casa, en Moscú.

Las críticas históricas de derecha e «izquierda» al VIIº Congreso de la Komintern, son muy conocidas y las hemos refutado en otros documentos, presentemos algunas de estas teorías, dejemos un resumen de estas teorías de las que bebe Wolfgang Eggers:

«Por supuesto, el VIIº Congreso de la Komintern de 1935, fue un congreso que levantó ampollas para muchos enemigos del marxismo-leninismo, las críticas durarían décadas: 1) Fue ampliamente criticado desde lados derechistas por muchos socialdemócratas que lo califican de «maniobra demagógica y desesperada, que obligaba a todo partido comunista en el mundo a acatar la nueva línea dictada desde Moscú a través del pulpo stalinista de la Komintern»; 2) Por supuesto quién dedicó horas y horas y artículos y artículos para calificar de «nueva concesión del stalinismo ante la burguesía» que «certificaba que se renunciaba a la revolución» y todo tipo de epítetos que distorsionaban la verdadera línea del congreso atacando desde una presunta crítica de «izquierda» fue Lev Trotski; 3) También los anarquistas veían el congreso como una estratagema de la «burocracia stalinista» que evidenciaba el paso atrás que el stalinismo provocaba en la revolución y la liberación social de las masas las tácticas antifascistas, proclamando que los stalinistas no comprendían que «era fascismo o revolución», no teniendo sentido conservar los derechos y libertades de la democracia burguesa, e incluso pensando que el advenimiento del fascismo revolucionaba a las masas y precipitaba la revolución y barrer al fascismo, ni viendo sentido las alianzas con otros antifascistas en los países ya dominados por el fascismo; 4) Como buenos antistalinistas, los revisionistas chinos, y especialmente la rama de los absorbidos por la propaganda de la pseudorevolución cultural china, empezaron sobre todo a partir de los 70 a proclamar estupideces del tipo de que era un congreso revisionista porque no hablaba de revolución, de dictadura del proletariado y socialismo, sino sólo de tácticas antifascistas y encima erradas. Como siempre tanto Mao Zedong como sus seguidores intentaban rebajar la influencia de la Komintern en la revolución china, e intentaban contraponer que fue gracias a que «Mao Zedong se desligo de los consejos de la Komintern stalinista que la revolución china pudo triunfar, ya que Stalin no quería ni permitía hacer la revolución», una teoría trotskista-titoista; 5) Tiempo después los revisionistas eurocomunistas volverían a atacar la línea del congreso desde la derecha, aludiendo que este congreso llevaba implícito el no acabar nunca la colaboración temporal con los partidos socialdemócratas y otros partidos antifascistas y la clase que representaban cada uno de ellos; era lo que llamarían el sagrado «compromiso histórico» de estos partidos durante la lucha antifascista y presentaban la etapa antifascista de los años 30 que atravesaron algunos países como inmutable, con lo que jamás se acababa ni en los 40 ni en los 50, era «ad infinitum» para ellos, y por lo tanto un análisis oportunista y antidialéctico, también incluso inventaron que dicho congreso tenía el germen de la «transición pacífica parlamentaria al socialismo»; 6) A la fiesta de la calumnia se apuntaron presuntos marxista-leninistas como Bill Bland y otros de línea pro albanesa, aludiendo que era un congreso de revisionistas emboscados, de agentes nazis como Dimitrov que habrían logrado engañar a los miembros marxista-leninistas de la Komintern, e incluso algo así como que engañaron para aceptar tales tesis revisionistas a todo el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética. La conocida tesis de Bill Bland de que Stalin estaba rodeado de revisionistas y no le quedaba más remedio que aceptar tal humillación no sólo en su partido sino en la Komintern celebrando su congreso de 1935 en su casa, presentando a Stalin como un traidor a la clase obrera y un cobarde que no nos dejo ni una sola anotación en contra de la línea oportunista de la Komintern por miedo a los revisionistas, algo que curiosamente no se vio cuando si criticó la línea de Zinóviev, Brandler, Bujarin y muchos otros en la Komintern». (Equipo de Bitácora (M-L); Introducción a la obra de Georgi Dimitrov: «La clase obrera contra el fascismo»,  de 1935, 25 de abril de 2013)

Bajo esta cosecha de influencias insanas, es esperable que Wolfgang Eggers ataque a la Komintern:

«Los revisionistas y la burguesía atacaron ferozmente el gran trabajo de la Komintern, precisamente porque creó y desarrolló a los partidos comunistas del mundo, que han educado a millones de trabajadores para luchar contra la burguesía de sus propios países para evitar perpetuar su dominación». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

Empecemos con las críticas de Wolfgang Eggers a la Komintern, pues vamos a disfrutar mucho dándole unas clases de historia del movimiento comunista:


El carácter del frente popular

«El VII Congreso Mundial de la Komintern abrió la puerta a las «teorías» liquidadoras y capitulacionistas del antifascismo cuyo objetivo era reemplazar la ideología del marxismo-leninismo-stalinismo por la ideología socialdemócrata-revisionista. Todas estas «teorías» liquidadoras ya fueron creadas desde el VII° Congreso Mundial de la Komintern intentando hacer prescindir de nuestras propias organizaciones comunistas y la ideología a favor de la parte delantera de unidad con la burguesía». (Wolfgang Eggers; 80° Aniversario de la traición por el VIIº Congreso Mundial de la Komintern, 24 de julio 2015)

Falso, los marxista-leninistas para empezar tomaban el frente popular no como una unión con la burguesía, sino, como su propio nombre indica como un frente donde su núcleo era el pueblo, es decir la clase obrera y sus aliados de otras capas de las clases trabajadoras, precisamente eso incluía desglosar bajo un trabajo de persuasión a la dirigencia burguesa de su base trabajadora para atraerlos a la lucha en contra de sus cabecillas:

«Lo fundamental, lo más decisivo, para establecer el frente popular antifascista es la acción decidida del proletariado revolucionario en defensa de las reivindicaciones de estos sectores y, en particular, del campesinado trabajador, de reivindicaciones que corresponden a los intereses cardinales del proletariado, combinando en el transcurso de la lucha las aspiraciones de la clase obrera con estas reivindicaciones. Para la creación del frente popular antifascista tiene una gran importancia el saber abordar de una manera acertada a todos aquellos partidos y organizaciones que enrolan a una parte considerable del campesinado trabajador y a las masas principales de la pequeña burguesía urbana. En los países capitalistas, la mayoría de estos partidos y organizaciones –tanto políticas, como económicas– se encuentran todavía bajo la influencia de la burguesía y siguen a ésta. La composición social de estos partidos y organizaciones no es homogénea. En ella aparecen, al lado de los campesinos sin tierra, campesinos muy ricos, al lado de los pequeños tenderos, grandes hombres de negocios, pero la dirección la llevan estos últimos, los agentes del gran capital. Esto nos obliga a dar a estas organizaciones un trato diferenciado, teniendo en cuenta que, a menudo, la masa de sus afiliados no conoce la verdadera faz política de su propia dirección. En determinadas circunstancias, podemos y debemos encaminar nuestros esfuerzos a ganar a estos partidos y organizaciones o a sectores sueltos de ellos para el frente popular antifascista, pese a su dirección burguesa. Así, por ejemplo, acontece actualmente en Francia con el partido radical, en los Estados Unidos con las distintas organizaciones de granjeros, en Polonia con el «Polskie Stronnictwo Ludowe», en Yugoslavia con el Partido Campesino Croata, en Bulgaria con la Unión Agraria, en Grecia con los «agraristas», etc. Pero, independientemente de esto si existan o no probabilidades de atraer a estos partidos y otras organizaciones al frente popular, nuestra táctica tiene que ir dirigida, bajo todas las condiciones, a incorporar al frente popular antifascista a los pequeños campesinos, artesanos, etc., enrolados en ellas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

¿No es suficientemente aclaratoria? Bien pongamos otra cita que deja si cabe más clara la intención de no fundirse con otras organizaciones, sino de persuadir a los trabajadores engañados en ellas:

«Para lograr, en dichos países un frente popular, los comunistas deberán llevar a cabo entre las masas una enorme labor política y de organización. Tendrán que vencer los prejuicios de esas masas, que consideran ya a sus organizaciones reformistas de masas como la encarnación de la unidad proletaria; convencerlas de que establecer el frente único con los comunistas significa para ellas pasar a la posición de la lucha de clases, de que sólo ese paso garantiza el éxito de la lucha contra la ofensiva del capital y el fascismo. No venceremos las dificultades que se nos presentan si nos planteamos aquí tareas más amplias. Por el contrario, al luchar por eliminar estas dificultades, prepararemos, y no de palabra, sino en los hechos, la creación de un auténtico frente popular de lucha contra el fascismo, contra la ofensiva del capital, contra la amenaza de la guerra imperialista». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; Discurso de resumen en el VIIº Congreso de la Komintern, 13 de agosto de 1935)

Esta línea seguía la propia línea aprendida por Dimitrov en los frentes en Bulgaria durante los años 20:

«¿Qué es el frente único y que debería ser? El frente único no es y no debe ser simplemente una confraternización de los líderes del partido. El frente único no se creará mediante acuerdos con los «socialistas» que hasta hace poco eran miembros de los gobiernos burgueses. El frente único significa la asociación de todos los obreros, ya sean comunistas, anarquistas, socialdemócratas, independiente, sin partido, o incluso obreros cristianos, contra la burguesía. Con los líderes, si lo quieren así, sin los líderes si permanecen indiferentes y a un lado, y en desafío de los líderes y en contra de los líderes si sabotean el frente único del proletariado. Y este verdadero frente común en la lucha común está obligado a formarse. Debe formarse si la clase obrera quiere defender sus intereses más fundamentales y elementales contra la ofensiva capitalista. Hacemos un llamamiento en particular a los obreros sin partido y a los que siguen apoyando la II Internacional. Nosotros decimos: Todavía no sois comunistas, muchos de vosotros sois incluso abiertamente hostiles al comunismo. Pero llegará el momento en que se reconozca la exactitud de las ideas comunistas. Esperaremos entonces pacientemente hasta que llegue ese momento, que marcará el comienzo de la verdadera emancipación de la clase obrera. Pero hasta entonces decimos: A pesar de todas las diferencias en nuestros puntos de vista políticos trabajemos juntos para organizar el frente único contra los capitalistas». (Komintern; Extractos de la declaración del Comité Ejecutivo de la Komintern sobre los resultados de la Conferencia de Berlín, 27 de abril 1922)